El pollo es, sin duda, uno de los alimentos más consumidos en el mundo. Es versátil, económico y combina con una infinidad de recetas, desde un guiso casero hasta una ensalada ligera. Sin embargo, también es un producto muy delicado que puede echarse a perder fácilmente si no lo manipulamos de la manera correcta. Por eso, aprender a elegirlo bien y a conservarlo adecuadamente no es solo cuestión de sabor, sino también de salud.
Quizás alguna vez te ha pasado que compras pollo, lo guardas en la nevera y al sacarlo notas un olor extraño o una textura poco agradable. Eso es una señal clara de que algo no se hizo bien en el proceso de conservación. Y lo cierto es que, con unos cuantos cuidados básicos, se puede evitar perder dinero y, lo más importante, reducir el riesgo de intoxicaciones alimenticias.
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A continuación, te comparto cinco consejos prácticos que pueden ayudarte a comprar y almacenar el pollo de forma segura:
1. Revisa el aspecto y el olor al comprarlo
El primer filtro es la vista y el olfato. El pollo fresco debe tener un color rosado uniforme, sin manchas verdosas ni grises. Además, la piel no debe lucir seca ni pegajosa. Si al acercarlo notas un olor fuerte o desagradable, mejor evítalo. Recuerda: el pollo debe oler neutro, nada más.
2. Verifica la fecha de caducidad y el empaque
En los supermercados, el pollo suele venir en bandejas selladas. Antes de ponerlo en tu carrito, fíjate bien en la fecha de vencimiento. También revisa que el plástico no esté roto ni con líquido acumulado en exceso, porque eso puede indicar que el producto ya no está en su mejor estado. Si compras en una carnicería, pregunta directamente cuándo recibieron esa partida de pollo.
3. Transporte y refrigeración inmediata
El pollo crudo nunca debe pasar demasiado tiempo a temperatura ambiente. Una vez que lo compras, lo ideal es llevarlo a casa lo más pronto posible. Si sabes que harás varias paradas, coloca el pollo en una bolsa térmica para mantenerlo fresco. Al llegar a casa, guárdalo de inmediato en la nevera o en el congelador, según cuándo lo pienses usar.
4. Organización dentro del refrigerador
Un error muy común es colocar el pollo crudo en la parte superior de la nevera. Eso puede ser peligroso porque los jugos pueden gotear sobre otros alimentos. Lo más seguro es guardarlo en un recipiente cerrado o en una bolsa hermética, en el estante inferior. Así evitas contaminación cruzada con verduras, frutas u otros alimentos listos para consumir.
5. Aprende a congelar y descongelar correctamente
Si no vas a cocinar el pollo en los próximos dos días, congélalo. Puedes dividirlo en porciones antes de hacerlo para que luego no tengas que descongelar más de lo necesario. Cuando llegue el momento de usarlo, jamás lo dejes descongelar en la mesa de la cocina. Lo ideal es pasarlo del congelador al refrigerador y dejar que se descongele lentamente durante varias horas. Si tienes prisa, otra opción es usar el microondas, pero nunca el agua caliente, ya que eso favorece la proliferación de bacterias.
Cuidar estos detalles puede parecer tedioso al principio, pero con el tiempo se vuelven un hábito natural. Y créeme, vale la pena: no solo evitas desperdiciar comida, también proteges tu salud y la de tu familia. El pollo es un alimento noble, pero requiere de respeto en su manejo.
En resumen, elegirlo fresco, almacenarlo correctamente y cocinarlo bien
son tres pasos básicos para disfrutar de todas sus bondades sin correr riesgos. Así, cada plato que prepares tendrá el mejor sabor y la mayor seguridad posible.


































