En República Dominicana hay frases que se quedan pegadas… y declaraciones que dividen opiniones. Esta semana, Carlos Durán volvió a colocarse en el centro de la conversación nacional tras responder, sin rodeos, a quienes critican los precios de su negocio gastronómico. Su frase fue directa, elegante y provocadora: “No es caro, es costoso”. Y desde ese momento, las redes sociales explotaron.
No se trató de una excusa improvisada ni de una reacción impulsiva. Carlos habló con la seguridad de quien sabe lo que ofrece y lo que vale su trabajo. En un país donde la palabra “caro” se usa con ligereza, su aclaración abrió un debate más profundo sobre calidad, valor y percepción económica.
Todo comenzó cuando varios usuarios en redes comentaron que comer en su establecimiento no es accesible para todo el mundo. Algunos lo dijeron con respeto, otros con sarcasmo. Pero como suele pasar en el internet dominicano, el comentario se convirtió en tendencia. Y Carlos Durán decidió responder… a su manera.
“Caro es algo que no lo vale. Costoso es algo que tiene valor”, explicó, dejando claro que su negocio no está diseñado para competir por precios bajos, sino por experiencia, calidad y estándares. La frase, corta pero contundente, fue compartida miles de veces, generando tanto aplausos como críticas.
Carlos Durán no es nuevo en la polémica. Su carrera en los medios lo ha acostumbrado a la opinión pública, al juicio constante y a la presión de estar siempre bajo el ojo del público. Sin embargo, esta vez el debate no fue sobre un comentario mediático, sino sobre su faceta empresarial.
El comunicador explicó que detrás de cada plato hay costos reales: ingredientes de calidad, personal capacitado, higiene, ubicación, impuestos y una experiencia pensada para un público específico. “No todo negocio tiene que ser para todo el mundo”, fue una de las ideas que muchos interpretaron entre líneas.
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Las reacciones no se hicieron esperar. Por un lado, seguidores que lo defendieron asegurando que cada quien tiene derecho a poner el precio que considere justo por su trabajo. Por otro, personas que consideran que el discurso puede resultar excluyente en un país donde gran parte de la población lucha con el alto costo de la vida.
Pero ahí estuvo el punto clave del debate: valor vs. acceso. Carlos no negó que su negocio sea costoso; al contrario, lo reafirmó. Pero dejó claro que el precio responde a una propuesta específica, no a un capricho.
Muchos emprendedores salieron a apoyarlo públicamente. Comentaron que en República Dominicana existe una cultura que aplaude el esfuerzo, pero critica cuando alguien cobra lo que realmente vale su producto. “Queremos calidad, pero no queremos pagarla”, fue una de las reflexiones más repetidas.
Carlos Durán también dejó claro que no obliga a nadie a consumir en su negocio. Su mensaje no fue de arrogancia, sino de posición. “Hay opciones para todos los bolsillos”, señalaron varios usuarios apoyando su postura. Y eso, lejos de apagar el fuego, avivó aún más la conversación.
El tema llegó incluso a programas de radio, podcasts y espacios de análisis digital. Comunicadores, economistas y creadores de contenido debatieron el significado real de la frase “no es caro, es costoso”. Para algunos, fue una clase magistral de branding. Para otros, una frase desafortunada mal interpretada.
Lo cierto es que Carlos logró algo que muy pocos consiguen: poner a todo el país a hablar de precios, valor y mentalidad de consumo, usando solo una frase.
En un contexto económico complejo, donde la inflación golpea fuerte y cada peso cuenta, este tipo de declaraciones generan emociones encontradas. Pero también obligan a reflexionar. ¿Estamos pagando por lo que vale o solo por lo que es barato? ¿Queremos apoyar negocios locales, pero sin asumir el costo real de operarlos?
Carlos Durán, lejos de retractarse, se mantuvo firme. No borró publicaciones, no pidió disculpas forzadas ni suavizó su mensaje. Y eso, para muchos, fue una muestra de coherencia. Para otros, una señal de desconexión con la realidad de la mayoría.
Sin embargo, incluso entre los críticos, hubo algo en lo que coincidieron: el debate era necesario. Porque detrás de un plato de comida hay mucho más que arroz y carne. Hay inversión, riesgo y visión empresarial.
En República Dominicana, donde cada vez más figuras públicas apuestan por emprender, este episodio marca un precedente. Muestra lo difícil que es separar la figura mediática del empresario, y cómo cualquier decisión comercial se convierte automáticamente en un tema emocional.
Carlos Durán no habló desde la soberbia, sino desde la claridad. Al menos así lo interpretaron quienes lo apoyan. No dijo “si no puedes, no vengas”, sino “esto es lo que cuesta lo que ofrezco”. Una diferencia sutil, pero poderosa.
Al final del día, su frase se convirtió en meme, en debate y en reflexión. Y como suele pasar en estos casos, el tiempo dirá si la polémica afecta o fortalece su marca. Pero si algo quedó claro, es que Carlos Durán no tiene miedo de defender su trabajo y su visión.
Esta historia no es solo sobre un restaurante o un precio. Es sobre mentalidad, sobre cómo valoramos lo nuestro y sobre la eterna discusión entre lo popular y lo exclusivo.
Y ahora la pregunta queda en el aire, como tantas veces en el debate dominicano:
¿Es caro… o simplemente no es para todos?
Déjanos tu opinión y comparte esta historia. Porque en este país, cuando se habla de dinero, valor y orgullo… nadie se queda callado. 💬🔥🇩🇴





























