CARLOS MONSTEQUIEU confiesa que LAS DOS CHANGAN las tiene haciendo servicio de UB3R en LA CAPITAL.

Carlos Monstequieu confiesa que las dos Changan las tiene haciendo servicio de UB3R en la capital

La confesión llegó entre risas, ocurrencias y ese humor ácido que caracteriza a Carlos Monstequieu, pero aun así provocó un terremoto inmediato en redes sociales: “Las dos Changan mías están haciendo servicio de UB3R aquí en la capital”, soltó sin pensarlo dos veces durante una transmisión. El público primero se quedó en shock, luego estalló en carcajadas, y finalmente empezó a preguntarse si estaba relajando… o si de verdad lo dijo en serio.

En un país donde todo se convierte en tendencia en 30 segundos, la noticia se regó como pólvora. Los comentarios se dividieron entre quienes celebraban la ocurrencia y quienes aseguraban que la necesidad lo tenía “creativo”. Pero lo que sí quedó claro es que nadie esperaba semejante revelación de uno de los creadores de contenido más polémicos, espontáneos y queridos de la República Dominicana.

Según Monstequieu, las famosas Changan —las mismas que él siempre mostraba en redes, presumiendo su estilo, su ahorro de combustible y lo cómodas que eran— ahora están en manos de dos choferes de confianza que él mismo contrató. Y lo que inició como “un invento del momento” terminó convirtiéndose en un pequeño negocio rodante por toda la capital.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

Durante la conversación, Carlos explicó que había tomado la decisión después de darse cuenta de que los vehículos pasaban más tiempo parqueados que rodando. “Yo me puse a pensar: óyeme, estas jipeticas están aquí cogiendo polvo mientras yo tengo un millón de cosas por hacer. Mejor es que me generen algo, que se muevan, que produzcan”, comentó entre risas.

Pero lo que más llamó la atención fue cuando reveló que él mismo se montó en una de las Changan “por curiosidad”, pidiendo el servicio desde otra cuenta. “Yo quería ver cómo era el trato, si estaban cuidando la guagua, si estaban cobrando bien… y mira, quedé bien. El chofer ni cuenta se dio”, confesó, ocasionando un ataque de risa colectiva entre quienes estaban viendo la transmisión en vivo.

Las redes, como siempre, se encargaron de darle vida propia a la historia. Empezaron a aparecer memes de las Changan disfrazadas de taxi, videos recreados, audios editados y hasta supuestas capturas anónimas de pasajeros que juraban que se habían montado “en la Changan de Carlos”. Algunos decían que en el retrovisor había pegado un sticker que decía “Si me ves en la calle, es negocio, no es lujo”. Otros aseguraban que los choferes tenían prohibido manejar con música de despecho porque “eso baja la productividad”.

Mientras tanto, en TikTok llovían los videos de personas intentando adivinar cuál de todas las Changan que circulan en el DN eran las de Monstequieu. Y aunque él no confirmó colores ni placas, sí admitió que están “trabajando de día y de noche, porque la calle está prendida”.

Lo interesante de todo esto es cómo la revelación abrió una conversación inesperada sobre el emprendimiento moderno. Muchos usuarios comentaron que Carlos no estaba tan loco como parecía. Que mientras algunos se burlaban, otros estaban aprendiendo. Porque, en un país donde nada se puede dejar ocioso, convertir un vehículo en una fuente de ingresos es una decisión inteligente, aunque suene a relajo en boca de Monstequieu.

“Si tú tienes algo parado, ese algo te está quitando dinero”, dijo él durante la transmisión, con un tono más serio por unos segundos. Y es que detrás de su humor desenfrenado, Carlos siempre deja caer frases que hacen reflexionar a su audiencia.

También confesó que al principio su familia no entendía la decisión. “Me decían: ‘Pero Carlos, ¿y cómo tú vas a poner esas guaguas tuyas a rodar así?’. Y yo: ‘¿Y cómo que no? ¿Qué hago yo con dos Changan parqueadas? Mejor que hagan su diligencia’”, contó entre risas.

Algunos seguidores empezaron a especular sobre cuánto dinero podía estar generando el creador con ese “side hustle”. Otros decían que seguro él lo estaba exagerando solo para hacer reír. Pero quienes conocen a Monstequieu saben que en cada chiste suyo hay al menos un 60% de realidad.

Y aquí viene lo más picante: hubo quienes aseguraron que Carlos no quiso admitir la razón completa detrás del movimiento. Según varios comentarios virales, él estaría probando qué tan rentable es el negocio para luego montar una flotilla más grande. Aunque esto no está confirmado, no sería extraño viniendo de él, cuyo contenido siempre mezcla humor con ingenio y observaciones sociales.

Lo verdaderamente curioso es que, mientras algunos se burlaban, otros se sintieron inspirados. “Me motivó ese hombre”, escribió una joven en Facebook. “Yo tengo un carro parqueado y ahora mismo estoy revisando cómo meterlo a UB3R.” Ese tipo de comentarios se multiplicaron, demostrando que la historia dejó de ser simple farándula para convertirse en ejemplo práctico.

Pero la parte más comentada del caso fue cuando Carlos, entre carcajadas, soltó:
“Yo tengo las dos Changan haciendo UB3R, pero yo no he podido poner ni mi vida en orden. Ellas están trabajando más que yo.”

La frase se volvió tendencia en minutos.

El público no solo encontró humor en la confesión, sino también una especie de reflejo dominicano: hacer de todo para sobrevivir, buscarle la vuelta, y convertir cualquier oportunidad en fuente de ingresos, aunque parezca un relajo al principio.

Mientras tanto, los seguidores están pidiendo que Carlos grabe un vlog montándose nuevamente en uno de sus propios vehículos sin que los choferes lo sepan. Otros piden una serie completa llamada “La Changan Chronicles”. Y como se conoce al creador, no es imposible que lo haga realidad.

Al final, la historia dejó claro algo importante:
Carlos Monstequieu puede convertir lo más simple en conversación nacional.
Y si mañana dice que puso un abanico a trabajar en OnlyFans, la gente se lo cree.

Sus dos Changan ahora son leyenda urbana, rodando por la capital, recogiendo pasajeros y dejando memes por donde pasan.

Y si algo quedó claro con esta confesión es que, en República Dominicana, la creatividad no tiene límites… y la comedia tampoco.