No fue una indirecta ni una frase lanzada al aire. Fue una confesión con nombre, rostro y sentimiento.
Cuando Michael Flores habló, lo hizo desde un lugar muy personal, de esos que no se inventan para sonar bien en redes. Sus palabras tocaron una fibra distinta en el público y, sin proponérselo, volvieron a poner a La Perversa en el centro de una conversación que esta vez no tuvo nada que ver con polémica, sino con lealtad, humanidad y gratitud real.
“Cuando duré siete días enfermo en un hotel, todos andaban en yates y fiestas… pero ella se quedó a cuidarme”.
Con esa frase, Michael no solo contó una anécdota; contó una verdad que explica por qué su madre siente un cariño tan profundo por La Perversa. Una verdad que, según él mismo, no se olvida jamás.
Michael Flores dejó claro que ese episodio marcó un antes y un después. Mientras el brillo, el lujo y la vida social seguían su curso alrededor, hubo alguien que decidió quedarse donde no había cámaras, ni música, ni diversión. Solo una habitación de hotel, enfermedad y vulnerabilidad. Esa persona fue La Perversa.
Las declaraciones rápidamente comenzaron a circular en redes sociales. Clips, capturas y comentarios inundaron Instagram, TikTok y Facebook. Pero, a diferencia de otras veces, el tono fue distinto. No hubo morbo. Hubo respeto. Porque cuando alguien habla de quién se quedó cuando nadie más quiso hacerlo, el mensaje pesa.
Michael explicó que ese gesto no solo lo marcó a él, sino también a su madre. “La mujer que me quiere a mí, mi mamá la quiere más”, dijo sin titubeos. Una frase simple, pero cargada de significado en la cultura dominicana, donde el amor de una madre no se gana con palabras, sino con acciones.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
Para muchos, esta historia mostró una cara de La Perversa que pocas veces se ve. Lejos del escenario, de la imagen pública y de los titulares, apareció la mujer real. La que cuida, la que acompaña, la que no abandona cuando no hay nada que ganar. Y eso, para el público, cambió la narrativa.
Durante mucho tiempo, La Perversa ha sido objeto de juicios rápidos, etiquetas fáciles y críticas constantes. Pero testimonios como este obligan a mirar más allá del personaje. Porque el verdadero carácter de alguien no se mide en alfombras rojas, sino en habitaciones cerradas donde nadie está mirando.
Michael Flores no habló para limpiar imagen ni para crear controversia. Habló para explicar algo que muchos se preguntaban: ¿por qué la madre de Michael quiere tanto a La Perversa? Y la respuesta fue tan humana que desarmó cualquier malicia.
En redes, los comentarios no se hicieron esperar. Muchos aplaudieron la actitud de La Perversa, destacando que ese tipo de lealtad no es común en un ambiente donde todo suele girar alrededor del interés. Otros resaltaron la madurez de Michael al reconocer públicamente ese gesto, sin miedo a mostrarse vulnerable.
Este episodio también dejó una reflexión poderosa sobre el entorno del entretenimiento. En un mundo lleno de luces, fiestas y apariencias, la enfermedad y la debilidad suelen incomodar. No todo el mundo se queda cuando la vibra baja. No todo el mundo cuida cuando no hay beneficios visibles.
Y ahí es donde el gesto cobra valor.
Para la madre de Michael, según sus palabras, no hubo dudas. El cariño hacia La Perversa nació de ese momento específico. De ver quién estuvo cuando su hijo no podía levantarse, cuando no había música de fondo ni celebración. Porque para una madre, eso lo dice todo.
Este tipo de historias conectan especialmente con el público dominicano. Porque hablan de valores profundamente arraigados: el cuidado, la presencia, el respeto y la lealtad. No se trata de fama ni de dinero. Se trata de quién se queda cuando los demás se van.
La Perversa, sin necesidad de responder ni aclarar nada, quedó retratada desde un ángulo distinto. Uno que no necesita defensa, porque se sostiene solo. Y Michael Flores, al contar esta historia, mostró gratitud, memoria y carácter. Tres cosas que no siempre abundan en el medio.
Muchos seguidores también destacaron el contraste que él mismo hizo: mientras unos estaban en yates y fiestas, ella estaba cuidando. Esa comparación no fue para señalar directamente, pero sí para evidenciar prioridades. Y cada quien sacó sus propias conclusiones.
En tiempos donde todo se mide en likes y alcance, este testimonio recordó algo esencial: hay gestos que no se publican, pero que valen más que cualquier post viral. Y cuando salen a la luz, lo hacen con una fuerza distinta.
La historia también refuerza por qué La Perversa sigue conectando con tanta gente. No solo por su música o su imagen, sino por lo que representa cuando baja del escenario. Y por qué el cariño de una madre, cuando es genuino, no se discute.
Al final, Michael Flores lo resumió todo sin adornos:
la mujer que me quiere a mí… mi mamá la quiere más.
No hubo que decir nada más.
Ahora la pregunta queda para el público:
¿cuántas personas se quedarían a cuidar cuando no hay fiesta?
¿cuántas relaciones se sostienen cuando llega la parte difícil?
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