El miedo volvió a tocar la puerta de muchas familias dominicanas. Un alerta urgente comenzó a circular con fuerza en redes sociales luego de que Ramón Tolentino denunciara un método cada vez más sofisticado que estarían utilizando delincuentes para robar niños en distintas zonas del país. No se trata de rumores vacíos ni de cadenas sin fundamento: es una advertencia directa que ha encendido las alarmas en padres, madres y cuidadores.
La denuncia no llegó envuelta en sensacionalismo, sino en preocupación real. Según explicó Tolentino, estas personas no actúan con violencia inmediata ni escenas que llamen la atención. Al contrario, se mueven con calma, observan rutinas, ganan confianza y aprovechan segundos de distracción para ejecutar el robo. Eso es lo que más asusta: la normalidad con la que se camuflan.
El periodista explicó que este método se ha repetido en diferentes sectores, con patrones muy similares. Los delincuentes estudian parques, centros comerciales, colmados, paradas y hasta entornos escolares. Buscan el momento exacto: una madre atendiendo una llamada, un padre pagando en caja, una abuela conversando. Un descuido mínimo puede convertirse en tragedia.
Lo que más indignación ha generado es que, en muchos casos, se presentan como personas “amables”. Mujeres bien vestidas, parejas con apariencia normal, incluso adultos mayores que piden ayuda o hacen preguntas inocentes. Nada levanta sospecha… hasta que ya es tarde.
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Según la advertencia, uno de los métodos más comunes consiste en distraer al adulto mientras otro se acerca al niño. Puede ser una pregunta, un objeto que se cae, una supuesta emergencia o una conversación rápida. El menor, confiado, es guiado unos pasos más allá, lo suficiente para perder contacto visual con su acompañante.
Tolentino insistió en que no se trata de generar pánico, sino conciencia. “Esto está pasando y hay que hablarlo”, habría expresado con tono firme. La clave, según explicó, es no bajar la guardia, incluso en lugares que parecen seguros o familiares.
El impacto de la denuncia fue inmediato. En grupos de WhatsApp, padres comenzaron a compartir experiencias, advertencias y consejos. Algunos contaron situaciones que, vistas en retrospectiva, pudieron terminar mal. Otros admitieron que nunca imaginaron que algo así pudiera ocurrir tan cerca.
Especialistas en seguridad infantil coinciden en algo: la prevención empieza en la información. Enseñar a los niños a no seguir a desconocidos, a gritar si se sienten incómodos y a identificar a sus cuidadores en todo momento es vital. Pero también es responsabilidad del adulto mantener vigilancia constante.
Otro detalle que estremeció a la audiencia fue la frialdad del método. No hay forcejeo, no hay gritos al inicio. Todo ocurre rápido, en silencio y con una precisión que demuestra planificación. Por eso, Tolentino hizo un llamado claro: si ves algo extraño, aunque no estés seguro, alerta. Es mejor equivocarse que callar.
La denuncia también reavivó el debate sobre la seguridad en espacios públicos. Muchos se preguntan si hay suficiente vigilancia, cámaras funcionales y respuesta rápida ante situaciones sospechosas. Otros señalan que la comunidad organizada puede marcar la diferencia: vecinos atentos, comerciantes alertas, padres que se cuidan entre sí.
En redes sociales, la reacción fue de angustia, pero también de apoyo. Miles agradecieron a Tolentino por alzar la voz y poner el tema sobre la mesa. “Prefiero leer esto y estar alerta, que enterarme tarde”, escribió una madre. Ese sentimiento se repitió una y otra vez.
El periodista también habría recomendado variar rutinas, no permitir que desconocidos se acerquen a los niños sin consentimiento y desconfiar de ofertas, regalos o promesas dirigidas a menores. Los delincuentes, según explicó, se adaptan rápido y cambian de estrategia cuando sienten presión.
No es la primera vez que se alerta sobre estos métodos, pero sí una de las veces que más eco ha tenido. Quizás porque el mensaje fue directo, claro y sin adornos. O quizás porque como sociedad estamos empezando a entender que la seguridad infantil no es exageración: es necesidad.
Padres que antes dejaban a sus hijos caminar solos unos metros hoy lo piensan dos veces. Otros han reforzado reglas en casa y conversaciones difíciles, pero necesarias. Hablar del peligro no traumatiza; prepara.
Tolentino cerró su denuncia con un llamado contundente: compartir la información puede salvar vidas. No se trata de viralidad, sino de protección. Cada persona informada es una barrera más contra quienes intentan hacer daño.
Este tipo de alertas también nos recuerdan algo incómodo: la confianza ciega ya no es opción. Vivimos tiempos donde la apariencia engaña y donde el instinto debe escucharse. Si algo no se siente bien, probablemente no lo esté.
Al final, esta no es solo una noticia. Es una advertencia que toca fibras profundas. Porque no hay nada más sagrado que un niño, y no hay dolor más grande que perderlo por un descuido evitable.
Hoy, más que nunca, toca mirar alrededor, cuidar a los nuestros y hablar sin miedo. La prevención comienza con una conversación y continúa con acción diaria.
Si eres padre, madre, tío, abuelo o cuidador, no ignores esta alerta. Mantente atento, informa a otros y protege a los niños como si fueran tuyos… porque en comunidad, todos lo son.
Comparte esta información, comenta si has visto algo sospechoso y mantente alerta. Porque cuando se trata de la seguridad de un niño, el silencio no es opción.





























