Esta joven padece una PELIGROSA ENFERMEDAD y no tiene acceso a medicamentos. Entre lágrimas dice “Estoy desesperada, me estoy muriendo y el gobierno no me ayuda”.

Entre sollozos, con la voz quebrada y los ojos llenos de miedo, una joven dominicana rompió el silencio y lanzó un grito que hoy estremece a todo un país. Padece una peligrosa enfermedad, su tratamiento es costoso y vital, y asegura que no tiene acceso a los medicamentos que podrían salvarle la vida. “Estoy desesperada, me estoy muriendo y el gobierno no me ayuda”, dijo entre lágrimas, en un testimonio que ya recorre las redes sociales como un golpe directo al corazón.

Su historia no es ficción ni exageración. Es la realidad cruda de una joven que, día tras día, siente cómo su cuerpo se debilita mientras el tiempo corre en su contra. Cada amanecer es una batalla, cada noche una incertidumbre. Vive con el miedo constante de que mañana sea demasiado tarde.

Según relata, fue diagnosticada hace un tiempo con una condición médica grave que requiere tratamiento continuo, medicamentos específicos y seguimiento constante. Sin embargo, el acceso a esos fármacos se ha convertido en una pesadilla interminable. Los costos superan con creces lo que ella y su familia pueden pagar, y la ayuda prometida nunca llega.

La joven asegura haber tocado múltiples puertas: hospitales, oficinas públicas, programas de ayuda, fundaciones. En todos lados la respuesta ha sido la misma o, peor aún, el silencio. “Te dicen que esperes, que el sistema está lento, que no hay disponibilidad… pero mientras tanto uno se va apagando”, expresó con impotencia.

Su testimonio ha generado indignación porque pone rostro y nombre —aunque ella prefirió reservar algunos datos por seguridad— a un problema que miles de dominicanos viven en silencio: la falta de acceso oportuno a medicamentos esenciales. No se trata de lujos ni tratamientos experimentales, sino de fármacos necesarios para seguir respirando, caminando y viviendo.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

En medio de su desesperación, la joven hizo un llamado directo a las autoridades de salud, mencionando que siente abandono total por parte del sistema. “Yo no quiero morir. Tengo sueños, tengo familia, tengo vida por delante. Pero sin medicamentos no hay milagros”, dijo mientras intentaba contener el llanto.

Este caso vuelve a poner en el centro del debate la responsabilidad del Ministerio de Salud Pública y del Servicio Nacional de Salud, instituciones encargadas de garantizar el acceso a la salud de la población, especialmente de quienes no tienen recursos para costear tratamientos privados.

En redes sociales, el video ha provocado una ola de reacciones. Cientos de personas han compartido el testimonio con mensajes de apoyo, indignación y llamados urgentes a las autoridades. “¿Hasta cuándo?”, “Esto puede ser cualquiera de nosotros”, “La salud no puede depender del dinero”, son solo algunos de los comentarios que se repiten una y otra vez.

Muchos usuarios también han aprovechado para contar historias similares: padres que no consiguen medicamentos para sus hijos, adultos mayores esperando tratamientos que nunca llegan, pacientes que mueren en listas de espera interminables. La historia de esta joven se ha convertido en la voz de muchos que no tienen fuerzas para hablar.

Lo más doloroso es que, según personas cercanas, su condición médica sí tiene tratamiento, pero sin los medicamentos adecuados el pronóstico empeora rápidamente. Cada día sin acceso a esos fármacos representa un riesgo mayor. No es una exageración cuando dice que siente que se está muriendo lentamente.

Especialistas en el área de la salud han explicado en múltiples ocasiones que la falta de continuidad en tratamientos para enfermedades graves puede tener consecuencias irreversibles. Aun así, la realidad del sistema público sigue dejando a pacientes atrapados entre papeles, burocracia y promesas incumplidas.

La joven no pidió privilegios. No exigió trato especial. Solo pidió vivir. “No quiero que me regalen nada, quiero que me den lo que por derecho me corresponde como ciudadana”, expresó con una dignidad que contrasta con el abandono que denuncia.

Este caso también ha reavivado el debate sobre el presupuesto destinado a salud, la transparencia en la distribución de medicamentos de alto costo y la necesidad urgente de protocolos claros para atender a pacientes en situaciones críticas. Porque cuando la ayuda llega tarde, ya no sirve de nada.

Mientras tanto, ella sigue esperando. Esperando una llamada, una respuesta, una solución. Cada día más débil, pero todavía con la esperanza de que su voz llegue a quien tenga el poder de cambiar su destino. “Yo no quiero ser una estadística más”, dijo con los ojos enrojecidos.

El pueblo dominicano, conocido por su solidaridad, ha comenzado a movilizarse. Algunas personas han ofrecido ayuda, otras han pedido información para donar o presionar a las autoridades. Pero el problema de fondo sigue ahí: la salud no debería depender de la caridad ni de hacerse viral.

Esta historia duele porque es real, porque puede repetirse mañana con otro rostro, otro nombre, otra familia rota. Duele porque revela fallas profundas en un sistema que debería proteger a los más vulnerables.

Hoy, más que nunca, esta joven necesita respuestas, no excusas. Necesita medicamentos, no trámites eternos. Necesita vivir, no sobrevivir a la indiferencia.

¿Hasta cuándo los dominicanos tendrán que llorar frente a una cámara para ser escuchados? ¿Cuántas vidas más se perderán esperando una ayuda que nunca llega?

Comparte esta historia. Comenta. Haz ruido. Porque el silencio también mata, y hoy una joven está luchando contra el tiempo, esperando que alguien, desde el poder, decida hacer lo correcto.