Cuando hablamos de salud cardiovascular, muchas veces pensamos en medicamentos, rutinas de ejercicio o en la genética familiar. Sin embargo, lo que más peso tiene día tras día es lo que llevamos al plato. Cada alimento que elegimos puede convertirse en un aliado silencioso de nuestro corazón… o en un enemigo que poco a poco va dañando nuestras arterias.
Hace 27 años tomé una decisión que transformó por completo mi bienestar: eliminar ciertos alimentos que, aunque sabrosos y comunes en la mesa de muchas personas, son peligrosos a largo plazo para la salud arterial. Hoy, mirando hacia atrás, siento que esa decisión fue uno de los mejores regalos que me hice a mí mismo.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
A continuación, te cuento cuáles son esos alimentos que decidí sacar de mi vida y por qué deberías pensarlo dos veces antes de incluirlos en tu dieta diaria:
1. Grasas trans y comida ultraprocesada
Las grasas trans, presentes en muchos productos empaquetados, frituras y comidas rápidas, son un verdadero veneno para las arterias. Se acumulan con facilidad, elevan el colesterol malo (LDL) y reducen el bueno (HDL). Al sacarlas de mi dieta, noté cómo mi energía mejoró y mis chequeos médicos comenzaron a mostrar mejores resultados.

2. Carnes procesadas
Salchichas, embutidos, jamón, tocino… todos estos productos tienen en común un alto contenido de sodio, grasas saturadas y aditivos que inflaman el organismo y dañan la circulación. Puede sonar radical, pero desde que los dejé de lado, mi presión arterial se estabilizó y mi cuerpo lo agradeció.
3. Bebidas azucaradas
Refrescos, jugos artificiales y bebidas energéticas no solo afectan el peso, también influyen en la salud de las arterias. El exceso de azúcar en sangre favorece la inflamación y acelera el deterioro de los vasos sanguíneos. Cambié esos líquidos por agua, infusiones naturales y jugos frescos sin azúcar añadida. El cambio fue enorme.

4. Pan y harinas refinadas
El pan blanco, las galletas y otros productos hechos con harinas refinadas parecen inofensivos, pero su consumo constante eleva los niveles de glucosa y favorece la resistencia a la insulina. A largo plazo, esto impacta directamente en el corazón y las arterias. Reemplacé estos productos por opciones integrales y, en lo posible, preparadas en casa.
5. Margarina y aceites de baja calidad
Durante muchos años, la margarina fue vista como “más saludable” que la mantequilla, pero la realidad es que está llena de grasas hidrogenadas que afectan la circulación. También eliminé aceites refinados de baja calidad, sustituyéndolos por aceite de oliva extra virgen y aguacate, que protegen en lugar de dañar.

El cambio en la salud
Puede parecer difícil al principio, porque son alimentos muy presentes en la vida cotidiana. Pero lo cierto es que después de unas semanas, el cuerpo se adapta, los antojos desaparecen y la sensación de bienestar se vuelve adictiva. En mi caso, después de 27 años sin ellos, puedo decir con certeza que mis arterias me lo han agradecido. No se trata de vivir con miedo a la comida, sino de aprender a elegir lo que realmente nutre y fortalece.
Reflexión final
La salud no es cuestión de suerte, sino de elecciones. Y aunque no siempre podemos controlar lo que heredamos, sí tenemos el poder de decidir qué alimentos entran en nuestro cuerpo. No es necesario esperar a que el médico dé un diagnóstico preocupante para empezar a cuidarnos. A veces, la mejor medicina está en lo que decidimos dejar de comer.






























