Una frase. Solo una. Bastó para encender un debate nacional e internacional que tocó fibras profundas, especialmente entre mujeres y fanáticos del género urbano. Ivy Queen, considerada la reina indiscutible del reguetón, rompió el silencio con una declaración tan cruda como honesta: “Yo luché para que las mujeres fueran respetadas y hoy en día ellas mismas dicen con orgullo que son put*”*. Sus palabras no solo sacudieron las redes, sino que reabrieron una conversación incómoda, necesaria y cargada de emociones encontradas.
Desde República Dominicana hasta Puerto Rico, el mensaje se viralizó en cuestión de horas. Algunos lo tomaron como una crítica directa, otros como un llamado de atención, y muchos como el desahogo de una mujer que abrió caminos cuando nadie creía que una fémina podía sobrevivir —y dominar— un género tan hostil como el reguetón de los años 90 y 2000.
Para entender el peso de esa frase, hay que mirar atrás. Ivy Queen no llegó a la cima con discursos cómodos. Lo hizo en una industria dominada por hombres, donde la mujer era vista casi exclusivamente como objeto, no como voz. Ivy peleó con letras, presencia y carácter para exigir respeto, no solo para ella, sino para todas las que venían detrás.
Durante años, sus canciones hablaron de dignidad, límites, amor propio y fortaleza femenina. En una época donde eso no vendía, ella insistió. Se ganó críticas, puertas cerradas y ataques, pero también respeto. Por eso, cuando hoy observa el rumbo que ha tomado parte de la música y el discurso femenino dentro del género, no habla desde el odio, sino desde la frustración de quien siente que su lucha fue malinterpretada.
La frase que soltó no fue improvisada. Según quienes siguieron la entrevista completa, Ivy no atacaba a mujeres específicas, sino a una narrativa que, desde su punto de vista, confunde empoderamiento con autodenigración. Para ella, decir que una mujer se empodera solo por hipersexualizarse públicamente es una visión reducida y peligrosa.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
Las redes sociales hicieron lo que mejor saben hacer: dividir. Un sector apoyó a Ivy Queen sin reservas. “Ella habló con la verdad”, “nadie más podía decirlo”, “eso no es empoderamiento, es marketing”, comentaban muchos, especialmente mujeres que crecieron escuchando su música y viendo en ella un referente de respeto y carácter.
Otro grupo, sin embargo, la criticó duramente. Aseguraron que su comentario juzga decisiones personales y desconoce que hoy las mujeres reclaman el derecho a expresarse como quieran, incluso desde la sexualidad. “Empoderamiento es elegir”, decían. Para estas voces, el problema no es cómo se llaman, sino quién intenta decirles cómo deben sentirse.
En República Dominicana, el debate tomó un matiz especial. Aquí, donde el dembow y el reguetón tienen una presencia fuerte y donde muchas artistas femeninas usan letras explícitas como bandera, la pregunta fue directa: ¿estamos avanzando o retrocediendo? Algunos comunicadores señalaron que Ivy no critica la sensualidad, sino la falta de conciencia detrás de ciertos discursos.
Lo interesante es que Ivy Queen no se colocó como juez moral. Ella misma aclaró que no es santa ni pretende serlo. Lo que cuestiona es el mensaje colectivo. Para ella, hay una diferencia entre libertad sexual y normalizar términos que históricamente se usaron para humillar a la mujer. Y esa diferencia, según dice, se está perdiendo.
Este choque generacional también salió a relucir. Ivy representa una etapa donde la lucha era ser tomada en serio. Las nuevas generaciones, en cambio, pelean por redefinir las reglas, incluso apropiándose de insultos para convertirlos en bandera. ¿Es evolución o confusión? Esa es la pregunta que quedó flotando.
Analistas culturales apuntaron algo clave: el empoderamiento no es una sola cosa. Puede convivir la mujer que se expresa desde la sensualidad con la que exige respeto desde la palabra. El problema surge cuando se invalida la historia y el sacrificio de quienes abrieron el camino. Y ahí es donde la voz de Ivy pesa.
No es casual que esta frase venga de alguien que lo perdió y ganó todo en la industria. Ivy Queen no habla desde la comodidad del éxito actual, sino desde una trayectoria llena de batallas. Por eso, aunque su mensaje incomode, muchos coinciden en que merece ser escuchado con atención, no cancelado con rapidez.
Hasta el momento, Ivy no ha rectificado ni suavizado sus palabras. Tampoco ha atacado directamente a ninguna artista. Ha dejado claro que su intención es provocar reflexión, no polémica vacía. Y lo logró. Porque hoy, días después, el tema sigue vivo.
Este episodio deja una reflexión profunda: ¿estamos confundiendo respeto con aplausos fáciles? ¿Empoderamiento con provocación constante? ¿Libertad con repetir narrativas que antes nos oprimían? Ivy Queen lanzó la piedra, pero el espejo está frente a todos.
Ahora te toca a ti. ¿Estás de acuerdo con Ivy Queen o crees que su visión quedó en el pasado? ¿Las mujeres se empoderan al apropiarse de palabras ofensivas o se pierde el mensaje de respeto que tanto costó construir?
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