Joven prospecto que acaba de firmar rompe en llanto al recordar su pasado “Se burlaron de mí, le hice una promesa a Dios y hoy se cumplió”… Ver más

Las lágrimas no siempre son señal de tristeza. A veces, son la prueba más pura de que un sueño imposible finalmente se hizo realidad. Eso fue exactamente lo que ocurrió con un joven prospecto dominicano, recién firmado por una organización del béisbol profesional, quien rompió en llanto frente a cámaras y familiares al recordar todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta aquí. Su frase, corta pero demoledora, estremeció las redes: “Se burlaron de mí, le hice una promesa a Dios y hoy se cumplió”.

El momento se volvió viral en cuestión de horas. No fue un show, no fue exageración. Fue un desahogo real, humano, de esos que conectan directo con el corazón del pueblo dominicano. Porque detrás de cada firma, de cada bono y de cada foto con gorra nueva, hay una historia que casi nadie ve: hambre, rechazo, sacrificio y fe.

Desde pequeño, este joven creció en un barrio donde el béisbol no era solo un deporte, sino una esperanza. Mientras otros niños soñaban con juguetes, él soñaba con un guante que no estuviera roto y una pelota que no fuera remendada con cinta. Muchas veces entrenó descalzo, bajo el sol inclemente, escuchando risas y burlas de quienes no creían en su talento.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

“Ese muchacho no sirve”, “está perdiendo su tiempo”, “mejor que se ponga a trabajar”. Frases como esas marcaron su adolescencia. Incluso personas cercanas llegaron a dudar. Hubo entrenadores que no lo seleccionaron, pruebas donde ni siquiera lo dejaron terminar, días en los que volvió a su casa con la cabeza baja y el corazón roto.

Pero hay algo que diferencia a los que se quedan en el camino de los que llegan: la terquedad de creer cuando nadie más cree. Y en su caso, esa terquedad se mezcló con una fe inquebrantable. Según contó entre lágrimas, hubo una noche en la que, cansado de todo, se arrodilló y le hizo una promesa a Dios: “Si algún día me firmas, yo nunca me olvidaré de dónde vengo”.

No fue magia. Después de esa promesa vinieron más sacrificios. Se levantaba de madrugada para entrenar, ayudaba en lo que podía en su casa, comía lo que apareciera y nunca dejó de practicar. Mientras otros se rendían, él insistía. Mientras otros salían, él entrenaba. Mientras otros se burlaban, él callaba.

El día de la firma llegó casi sin aviso. Una llamada, una prueba más, un último chance. Cuando finalmente escuchó que la organización apostaría por él, su cuerpo no aguantó. Lloró como llora alguien que recuerda cada humillación, cada no, cada día difícil. Lloró por su madre, por su familia, por el niño que fue y por todos los que se rieron.

Las imágenes del momento son fuertes. Se le ve temblando, con la cabeza agachada, agradeciendo a Dios, mientras familiares lo abrazan. No hay cadenas, no hay lujos, no hay poses. Solo emoción real. Por eso conectó tanto con la gente. Porque en República Dominicana, miles de jóvenes se ven reflejados en esa historia.

En redes sociales, los comentarios no se hicieron esperar: “Esto sí es ejemplo”, “Que Dios lo bendiga”, “El que persevera llega”, “Para todos los que se burlan de los sueños ajenos”. Muchos padres compartieron el video con sus hijos. Muchos jóvenes dijeron sentirse identificados. Porque no todos llegan, pero muchos luchan.

Expertos en béisbol coinciden en algo: el talento abre puertas, pero la mentalidad es lo que mantiene al jugador dentro. Y este prospecto, más allá de su brazo o su bate, demostró tener algo que no se enseña en ninguna academia: carácter forjado en la dificultad.

Ahora comienza otra etapa. La más dura para muchos. Adaptarse, competir, mantenerse enfocado, no marearse con el primer dinero. Pero si algo deja claro su historia, es que sabe lo que cuesta llegar. Y quien sabe lo que cuesta, rara vez lo desperdicia.

Esta no es solo una noticia deportiva. Es una historia de vida. Es un recordatorio de que burlarse de los sueños ajenos dice más del que se burla que del que sueña. Y también es una prueba de que la fe, cuando va acompañada de trabajo, puede mover montañas.

Hoy, ese joven ya no es “el que no servía”. Hoy es un prospecto firmado. Mañana, nadie sabe. Pero pase lo que pase, ya ganó algo que nadie le puede quitar: demostrar que no estaba loco por creer.

¿Y tú? ¿Cuántas veces te han dicho que no puedes? ¿Cuántas promesas le has hecho a Dios en silencio? Comparte esta historia, porque puede ser la motivación que alguien necesita para no rendirse hoy. 🙏⚾