La historia dio un giro que pocos esperaban y hoy se comenta en cada esquina digital del país. Mami Jordan volvió a encender las redes, pero esta vez no por polémica, sino por éxito puro y duro. La influencer tuvo que comprar miles de plátanos y aumentar su personal ante la avalancha de pedidos que está recibiendo su pica pollo, un negocio que pasó de ser criticado a convertirse en tema de admiración nacional.
Desde tempranas horas, comenzaron a circular videos y testimonios de clientes que aseguraban largas filas, pedidos atrasados por la alta demanda y un movimiento inusual en el negocio. Lo que muchos veían como “un relajo más”, hoy se ha transformado en una máquina de trabajo que no da abasto.
La escena es clara: sacos de plátanos entrando sin parar, aceite caliente desde la mañana hasta la noche, empleados corriendo de un lado a otro y un celular que no deja de sonar con pedidos. Mami Jordan, lejos de esconderse, mostró con orgullo la realidad detrás del crecimiento: cuando el público apoya, hay que responder.
Este boom no nació de la nada. Viene impulsado por semanas de conversación, debates, entrevistas virales y declaraciones que, aunque polémicas, colocaron su negocio en el centro de la atención. En un país donde el boca a boca sigue mandando, el pica pollo de Mami Jordan se convirtió en referencia obligada.
Lo que más ha sorprendido es la magnitud. No se habla de “un chin más de ventas”, sino de una demanda tan alta que obligó a contratar más personal, reforzar turnos y abastecerse como si se tratara de un negocio con años de trayectoria. Todo, en tiempo récord.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
En barrios y redes sociales se repite la misma frase: “Eso está explotado”. Y no es exageración. Clientes aseguran que llegan por curiosidad y vuelven por el sabor, mientras otros confiesan que fueron por apoyo y se quedaron por la calidad. Esa combinación —curiosidad, respaldo y buen producto— es la fórmula que todo emprendedor sueña.
Para Mami Jordan, este momento tiene un sabor especial. No solo por el dinero que entra, sino por el mensaje que envía. Después de años siendo señalada, hoy demuestra que el trabajo constante puede cambiar cualquier narrativa. De ser tema de burla pasó a ser ejemplo de emprendimiento.
Ella misma ha reconocido que no fue fácil. Manejar un negocio de comida requiere disciplina, madrugadas, organización y, sobre todo, humildad para aprender. Pero también ha dejado claro que no piensa desaprovechar el apoyo que está recibiendo. “Si la gente confía, yo tengo que dar la talla”, habría comentado a su entorno cercano.
El aumento del personal no solo beneficia su bolsillo. También genera empleos directos, algo que muchos han resaltado como un punto a favor. En tiempos difíciles, cualquier negocio que crece y contrata es visto con buenos ojos por la comunidad.
Las redes, por supuesto, siguen divididas. Hay quienes celebran cada paso y quienes buscan el mínimo error para criticar. Pero incluso esos comentarios negativos han servido para mantener el negocio en conversación constante. En la era digital, la visibilidad es clave, y Mami Jordan la tiene de sobra.
Más allá del personaje, esta historia refleja una realidad muy dominicana: cuando el pueblo apoya, el negocio se levanta. El pica pollo no es solo comida; es cultura, es esquina, es familia, es lucha diaria. Por eso conecta tan fácil con la gente.
El detalle de los miles de plátanos no pasó desapercibido. Para muchos fue la prueba de que el volumen es real. No se trata de pose para redes, sino de logística, compras al por mayor y planificación. Es el tipo de problema que cualquier emprendedor quisiera tener: vender tanto que hay que correr para abastecerse.
Analistas informales de redes ya lo dicen: este caso será estudiado como ejemplo de cómo una figura pública puede convertir atención en negocio, siempre que haya producto y compromiso. No todos lo logran, pero cuando se hace bien, el resultado se nota.
En medio de todo, Mami Jordan ha mantenido un discurso claro: agradecimiento. Agradecida con los clientes, con quienes la apoyan y hasta con quienes la critican, porque todos, de una forma u otra, han puesto su pica pollo en el mapa.
Este crecimiento también trae retos. Mantener la calidad, organizar el personal, cumplir con los pedidos y no fallarle a la clientela será la verdadera prueba. El público dominicano es fiel, pero exigente. Hoy aplaude, mañana reclama. Y eso ella lo sabe.
Sin embargo, el momento es suyo. Su negocio está sonando, vendiendo y creciendo. En un país donde muchos sueñan con emprender, verla comprar miles de plátanos por exceso de pedidos se siente casi como una victoria colectiva.
Al final, esta no es solo una noticia de farándula. Es una historia de trabajo, oportunidad y respuesta al apoyo popular. Mami Jordan pasó del debate a la acción, y los resultados están a la vista.
Ahora la conversación continúa: ¿logrará sostener este ritmo? ¿Se convertirá su pica pollo en una marca estable? ¿Estamos viendo el nacimiento de un negocio que llegó para quedarse?
Lo cierto es que, por ahora, el aceite sigue caliente, los pedidos siguen llegando y los plátanos no alcanzan. Comenta, comparte y opina, porque esta historia sigue creciendo, igual que el pica pollo que hoy tiene a todo el mundo hablando.





























