Desde el mundo deportivo hasta el universo urbano, los ojos de muchos se han vuelto hacia Marileidy Paulino en estos días, pues la destacada atleta dominicana decidió expresar en redes sociales su frustración: según ella, recibe poco apoyo comparado con lo que la gente le da al Sr. Jiménez. Esta confesión ha generado debates, simpatía, críticas y reflexiones entre seguidores de todos los ámbitos.
En un país donde el deporte de élite y el entretenimiento comparten escenarios mediáticos, las expectativas, comparaciones y rivalidades no tardan en nacer. Que Marileidy, con sus logros internacionales, sienta que su respaldo no es proporcional es una señal de cuán emocional se vuelven las relaciones entre figuras públicas y su público.
Una queja con voz real
En su publicación —captura de pantalla, historias o post largo, según versiones circulantes— Marileidy manifestó que no entiende por qué muchos voltean para apoyar figuras de farándula o hablar del Sr. Jiménez, mientras ella se queda en el silencio. Esa expresión de sentir que no es vista tanto como otras figuras ha encontrado eco en quienes creen que muchas veces se valora más el espectáculo que el esfuerzo real.
Aunque no hay una evidencia clara de que haya mencionado directamente a “Sr. Jiménez” por nombre, el contraste quedó marcado en el mensaje: ella pide visibilidad, reconocimiento, esa energía que otros sí reciben en abundancia.
Lo que sabemos hasta ahora
Quejas históricas de apoyo
No es la primera vez que Marileidy levanta su voz para pedir condiciones dignas o reclamar más apoyo institucional. Ha expresado desacuerdo con las autoridades deportivas del país cuando ha sentido que sus necesidades —entrenadores, instalaciones, recursos— no han sido atendidas de forma justa.
El choque con el mundo mediático
En el universo del entretenimiento, figuras como el Sr. Jiménez operan con plataformas de alto volumen: redes, shows, cobertura diaria. Esa visibilidad produce admiradores, trending topics y “cobertura instantánea”. En ese ambiente, alguien como Marileidy, incluso con medallas internacionales, puede verse opacada si no está activa en medios de espectáculo.
Empatía entre seguidores
Muchos usuarios en redes reaccionaron con mensajes de solidaridad: que si ella merece más, que si han sido injustos, que el deporte no recibe la misma devoción mediática que la farándula. Esa base de seguidores aparece cada vez que alguien con perfil deportivo pide ser visto como lo que es: un símbolo nacional.
Impactos de esta declaración
Visibilidad renovada para ella
Que Marileidy exprese públicamente esta queja la pone de nuevo bajo los reflectores, recordándole al público quién es, qué ha logrado y cuáles son sus necesidades actuales.
Comparación inevitable
Al mencionarse “el Sr. Jiménez” como punto de contraste, se abre una comparación: lo que recibe él versus lo que recibe ella. Eso puede polarizar opiniones, pero también abrir perspectivas sobre qué valoramos como sociedad.
Expectativas de acción
No basta con quejarse; muchos esperarán que haya un paso siguiente: campañas de apoyo, cobertura mediática, que medios deportivos vuelvan a dedicar espacios a figuras como ella.
Opiniones encontradas
Quienes la apoyan sin reservas
Ven esta queja como justa. Dicen que Marileidy no solo ha puesto el nombre de RD en alto, sino que ha entregado cuerpo y alma en el deporte y debería recibir reconocimiento constante, no solo cuando gana.
Quienes dudan de motivaciones mediáticas
Algunos opinan que estas declaraciones pueden tener un trasfondo de estrategia: llamar atención, asegurar que vuelvan los ojos hacia ella, generar contenido viral. No niegan su trayectoria, pero cuestionan el momento y la exposición.
Las voces neutrales
Quienes intentan mediar dicen que ambos mundos —deporte y entretenimiento— tienen reglas distintas. Que el apoyo mediático no siempre equivale al valor real o al mérito deportivo, pero que la visibilidad es parte del juego moderno.
¿Qué podría venir ahora?
Que Marileidy aparezca en programas, entrevistas o eventos para demandar espacios que usualmente no recibe.
Que medios deportivos recuperen su voz, le den columnas, reportajes de profundidad, en lugar de limitarla solo a resultados.
Que sus seguidores organicen campañas (#ApoyaAMarileidy, #QueLaVean) para elevar su presencia frente a quienes apoyan al Sr. Jiménez u otras figuras públicas.
Que ella misma adopte una estrategia digital más activa: colaboraciones, contenido personal, comunicación directa con su base para mantener relevancia mediática constante.
Reflexión final
Es natural en cualquier país que el espectáculo tenga visibilidad fuerte. Pero cuando una figura sobresaliente como Marileidy percibe que lo que hace no recibe el mismo nivel de impacto mediático, su voz cobra un valor especial. No es solo pedir apoyo; es pedir que se reconozca el esfuerzo sostenible, el sacrificio silencioso detrás de cada logro.
Que diga que “no la apoyan tanto como al Sr. Jiménez” es en parte una queja, pero también un llamado de atención. Un reclamo de que en ese balance público no todo está siendo justo.
Y para quienes siguen ambos mundos —el deportivo y el de entretenimiento— esta confrontación simbólica despierta una pregunta: ¿Cómo valoramos a nuestros atletas? ¿Les damos espacio en la conversación diaria o solo cuando suben al podio?





























