La historia de Nyakim Gatwech no es solo la de una modelo famosa; es la de una mujer que supo transformar el dolor y las dificultades en una bandera de orgullo y resistencia. Nacida en Sudán del Sur, su infancia estuvo marcada por la guerra, la inestabilidad y el exilio. Desde pequeña conoció lo que era dejar todo atrás, buscar refugio y adaptarse a una nueva vida en países donde la piel oscura no siempre era vista con respeto.
Lejos de rendirse, Nyakim tomó esas experiencias como el combustible que necesitaba para construir un futuro distinto. Hoy, el mundo la reconoce como “la Reina de la Oscuridad”, un título que lleva con dignidad y que refleja no solo el tono único de su piel, sino también su papel como referente de inclusión y diversidad en la moda.
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Cuando Nyakim llegó a Estados Unidos, pensó que por fin había encontrado un lugar seguro donde empezar de cero. Sin embargo, los prejuicios y la discriminación siguieron persiguiéndola. Desde bromas crueles hasta comentarios que le sugerían “aclarar” su piel, la modelo se enfrentó a un mundo que parecía no aceptar su identidad. Hubo momentos en los que dudó de sí misma, momentos en los que pensó que tal vez nunca podría encajar en una sociedad obsesionada con estereotipos de belleza muy distintos al suyo.
Pero el destino tenía otros planes. Con su imponente presencia, su elegancia natural y esa determinación que solo se forja después de muchas batallas, Nyakim comenzó a destacar en el mundo del modelaje. Primero fueron sesiones fotográficas pequeñas, luego pasarelas más importantes, hasta que finalmente se convirtió en una de las figuras más aplaudidas en campañas internacionales.
Lo que más llama la atención de Nyakim no es solo su belleza, sino la forma en que ha logrado convertirla en un símbolo. En cada entrevista, en cada aparición pública, insiste en el mismo mensaje: la belleza no se mide por el color de la piel, ni por la forma del cuerpo, ni por los estándares impuestos por la sociedad. La verdadera belleza, dice ella, está en aceptarse tal cual uno es. Ese discurso, respaldado por su ejemplo de vida, la ha convertido en inspiración para miles de personas que alguna vez se sintieron diferentes.
Hoy, Nyakim Gatwech no es simplemente una modelo, es un ícono cultural. Su imagen ha aparecido en revistas de renombre, ha trabajado con marcas de lujo y se ha ganado un lugar en la conversación mundial sobre diversidad en la moda. Pero más allá de los flashes y las alfombras rojas, sigue siendo una mujer con los pies en la tierra, consciente de la responsabilidad que tiene como referente para nuevas generaciones.
Ella sabe lo que significa ser señalada por ser distinta. Por eso, cada vez que sube a una pasarela o posa frente a una cámara, lo hace no solo por ella, sino por todos aquellos que alguna vez fueron criticados por no encajar. Nyakim ha demostrado que la belleza no necesita filtros ni permisos, y que incluso en medio de la adversidad es posible brillar con más fuerza.
Su vida es un recordatorio de que los sueños no conocen fronteras y que la resiliencia puede transformar cicatrices en coronas. Nyakim, la niña refugiada que un día huyó de la guerra, hoy camina con paso firme en los escenarios más prestigiosos del mundo, demostrando que no hay oscuridad que opaque la luz de quien se atreve a ser auténtico.





























