Por esta razón DONALD TRUMP no quiere que MARÍA CORINA MACHADO sea presidenta de Venezuela

La política internacional vuelve a sacudir a Venezuela y a toda América Latina con una pregunta que muchos se hacen en voz baja, pero pocos se atreven a decir en voz alta: ¿por qué Donald Trump no vería con buenos ojos que María Corina Machado llegue a la presidencia de Venezuela? Aunque a simple vista podría parecer contradictorio —dado que ambos se presentan como figuras duras contra el socialismo—, la realidad política es mucho más compleja y está cargada de intereses, estrategias y viejas tensiones.

En los últimos meses, el nombre de María Corina Machado ha crecido como nunca dentro y fuera de Venezuela. Para muchos venezolanos es la esperanza de un cambio real, una líder frontal, sin medias tintas, que ha desafiado tanto al chavismo como a la oposición tradicional. Sin embargo, esa misma firmeza que enamora a sus seguidores genera incomodidad en ciertos círculos de poder internacional.

Del otro lado está Donald Trump, un político que, aunque ya no ocupa la Casa Blanca, sigue siendo una figura con enorme influencia en la derecha estadounidense y en la política exterior informal hacia América Latina. Trump siempre ha visto a Venezuela como una pieza clave en su discurso contra el socialismo, pero eso no significa que apoye a cualquier líder opositor sin reservas.

Aquí es donde comienza el verdadero choque de intereses.

Muchos analistas coinciden en que Trump prefiere líderes predecibles, figuras con las que pueda negociar acuerdos claros, especialmente en temas sensibles como el petróleo, las sanciones económicas y la estabilidad regional. María Corina Machado, en cambio, es vista como una dirigente difícil de controlar, con una agenda propia y un discurso que no se alinea automáticamente con Washington.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

Uno de los puntos que más incomoda a Trump y a su entorno es la postura radical de Machado frente a cualquier tipo de negociación con el chavismo. Mientras sectores internacionales, incluyendo aliados de Estados Unidos, apuestan por salidas “graduales” o pactadas, María Corina ha sido tajante: ruptura total. Eso, para muchos estrategas estadounidenses, podría generar un escenario de inestabilidad que complique sus propios intereses geopolíticos.

Además, existe el factor económico. Venezuela sigue siendo uno de los países con mayores reservas petroleras del mundo. Trump, como empresario y político pragmático, siempre ha pensado en términos de negocios. Una presidenta como Machado, con fuerte discurso institucional y de transparencia, podría revisar acuerdos, cambiar reglas del juego y limitar maniobras que tradicionalmente han beneficiado a grandes intereses extranjeros.

Otro elemento clave es el control del relato político. Trump ha demostrado que le gusta ser el protagonista, el hombre fuerte que “salva” naciones del socialismo. María Corina Machado no encaja en ese papel secundario. Ella no se presenta como una figura que necesita padrinos internacionales, sino como una líder que habla de tú a tú con el mundo, algo que no todos están dispuestos a aceptar.

En círculos diplomáticos también se comenta que Trump desconfía de líderes demasiado independientes, especialmente mujeres con fuerte carácter político. No es un secreto que durante su mandato tuvo roces con varias líderes internacionales que no se alinearon a su estilo confrontacional. Machado, con su discurso firme, técnico y sin concesiones populistas, representa justo ese perfil.

Para el público dominicano, acostumbrado a seguir de cerca la política internacional por su impacto regional, este tema no es ajeno. Lo que ocurra en Venezuela afecta migración, economía y estabilidad en todo el Caribe. Por eso, entender estas tensiones va más allá del chisme político: es geopolítica pura.

También hay que decirlo claro: Trump ha respaldado históricamente a sectores de la oposición venezolana que hoy están desacreditados ante la población. María Corina Machado rompió con ese esquema, se distanció de los viejos liderazgos y conectó directamente con la gente. Ese fenómeno popular no pasó desapercibido en Washington… y tampoco gustó.

Mientras tanto, el chavismo observa desde la barrera cómo estas divisiones externas pueden jugar a su favor. Cada duda, cada señal de falta de apoyo internacional a Machado es utilizada como argumento para debilitar su candidatura y sembrar miedo entre los votantes.

Sin embargo, la realidad dentro de Venezuela parece ir por otro camino. María Corina Machado ha logrado algo que pocos pensaban posible: volver a emocionar a un país cansado, despertar esperanza y movilizar masas sin recursos estatales ni grandes medios tradicionales.

Y ahí está, quizás, la razón principal por la que Trump no la quiere como presidenta: no la necesita y no la controla.

Al final, esta historia no se trata solo de Trump o de Machado. Se trata de cómo las grandes potencias miran a América Latina como un tablero de ajedrez, mientras los pueblos luchan por decidir su propio destino. Venezuela está en una encrucijada histórica, y cada movimiento, cada silencio y cada respaldo —o falta de él— tiene consecuencias.

Ahora la pregunta queda en tus manos:
¿Crees que Venezuela necesita una líder independiente, aunque incomode a los grandes poderes, o alguien que cuente con el respaldo total de Estados Unidos?
Déjanos tu opinión, comparte este artículo y sigue la conversación, porque lo que viene será decisivo.