¿Por qué esos ejercicios que parecían inofensivos podrían estar pasando factura al corazón de nuestros adultos mayores?

Te cuento algo que me sorprendió: muchos ejercicios que vemos como “buenos para mantenerse activo” podrían, en realidad, no ser tan amigables para el corazón de personas mayores. Al principio cuesta creerlo, pero si profundizas un poco, entenderás por qué ciertos movimientos —aunque parezcan inocentes— podrían activar señales de alerta en su sistema cardiovascular.

Cuando ya llevas varios años vividos, el cuerpo insiste en recordarte que no es el de antes. Y eso incluye al corazón, que a veces necesita más cuidado del que imaginamos. No se trata de vivir con miedo al movimiento, sino de saber cuáles ejercitan con cariño y cuáles podrían estar sobrecargándolo sin que te des cuenta.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

Así que vamos con esos cinco ejercicios que conviene repensar si estás cuidando el bienestar cardíaco de alguien mayor:

1. Saltos de alto impacto o ejercicios tipo “aeróbicos intensos”
Tal vez alguna vez viste esas clases donde todos saltan al ritmo de la música. Son divertidas, sí, pero para corazones que ya llevan años latiendo fuerte, ese vaivén constante puede ser demasiado. El exceso de impacto anima una respuesta exagerada del ritmo cardíaco, y en personas mayores con arterias menos elásticas o hipertensión, eso podría volverse riesgoso.

2. Correr escaleras o subir muchas escaleras rápidamente
Subir escalones puede parecer una manera práctica de trabajar piernas y pulmones, pero al aumentar abruptamente la demanda de oxígeno y esfuerzo cardiaco, el ritmo se acelera sin control. En adultos mayores, especialmente si tienen debilidad en el equilibrio o en las articulaciones, eso es una señal de advertencia más que una propuesta saludable.

3. Levantamiento de peso excesivo o mal ejecutado
Cargar algo muy pesado —o hacerlo con postura incorrecta— no solo pone tensión en los músculos y articulaciones, también puede disparar la presión arterial de golpe. El corazón se enfrenta a una resistencia extra que no puede manejar con facilidad, y más de uno ha terminado mareado o con ganas de parar a la mitad del movimiento.

4. Yoga caliente (como Bikram) o ejercicios en ambientes excesivamente templados
Hacer posturas suaves en teoría es buenísimo para estirarse y relajarse, pero si el espacio está demasiado caliente, eso puede drenar la hidratación, aumentar la frecuencia cardíaca y desequilibrar la presión. En ambientes saturados de calor, es fácil sobrecargar el corazón sin darse cuenta.

5. Crunches o abdominales bruscos para trabajar el core
Los crunches a lo bestia, sobre todo si se hacen rápido o sin buen soporte lumbar, pueden tensar el cuello y la espalda. Pero aún más importante: exhalar mal o contener la respiración durante esos movimientos intensos puede disparar la presión arterial. No parece gran cosa, pero el corazón siente cada uno de esos tirones.


En lugar de estos ejercicios, ¿qué tal si apostamos por alternativas más suaves y seguras, pero igual de efectivas?

Ejercicios de bajo impacto como caminar a paso vivo, montar en bicicleta con resistencia moderada o nadar sin prisa, hacen que el corazón trabaje sin estrujarlo.

Entrenamiento de fuerza ligero, por ejemplo con bandas elásticas o levantar objetos livianos, ayuda a mantener la masa muscular sin elevar demasiado la presión.

Ejercicios de equilibrio suave, como tai chi o apoyar una pierna sin prisa, fortalecen el control corporal, evitan caídas y contribuyen a que cada paso se dé con más seguridad.

Flexibilidad consciente, incluso algo tan simple como estirarse lentamente después de un paseo, mueve las articulaciones, relaja el sistema y cuida la circulación sin exigirle demasiado al corazón.


La idea aquí no es detenerse, sino saber qué caminos elegir para que el cuerpo envejezca con salud, no con señales de advertencia. A veces menos es más, y moverse de forma inteligente puede ser mejor que esforzarse sin medida.

Cuando tienes que cuidar de alguien mayor, tal vez no se trata de evitar todos los ejercicios, sino adaptar: elegir el paso correcto, la postura adecuada, el ambiente justo. Y siempre, antes de comenzar algo nuevo, consultar al médico o al profesional de salud de confianza.

De esta forma, el ejercicio pasa de ser un posible detonante de problemas a una herramienta real de bienestar. Porque moverse es vida… sí, pero con sentido.


Aquí tienes el video relacionado a este tema: