La polémica continúa. Luego de varios días en tendencia por la publicación de videos y fotografías del menor conocido como “El Diablón”, el periodista Ramón Tolentino vuelve a estar en el ojo público, esta vez por recibir una fuerte crítica de un reconocido comunicador dominicano, quien lo acusó de “no respetar los códigos del periodismo” al difundir imágenes de un niño implicado en actos delictivos.
Las declaraciones han encendido el debate en todos los medios digitales y programas de opinión. Para muchos, se trata de una discusión ética que divide a los comunicadores entre quienes defienden la denuncia pública como herramienta para crear conciencia, y quienes aseguran que se cruzó una línea al exponer el rostro de un menor de edad sin protección judicial.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
El comunicador —cuya identidad se mantiene viral en redes, pues sus palabras circulan en múltiples plataformas— expresó en su programa:
“Ramón Tolentino tiene razón en indignarse, pero no tenía que mostrar las fotos ni los videos de ese niño. Hay códigos periodísticos, hay leyes que protegen a los menores. Él sabe que eso no se hace, y por eso perdió la razón moral en este caso.”
Sus declaraciones generaron una tormenta digital inmediata. Mientras algunos internautas apoyaron su postura, otros lo atacaron por “defender lo indefendible”. Sin embargo, el comunicador insistió en que su crítica no era para restarle mérito a la denuncia de Tolentino, sino para recordar que el periodismo también tiene límites.
En su intervención, agregó:
“No se trata de si el niño es culpable o inocente, se trata de que hay instituciones para manejar eso. Si seguimos exponiendo menores como si fueran criminales adultos, mañana tendremos una generación marcada y sin esperanza.”
Por su parte, Ramón Tolentino no tardó en responder desde su espacio digital. Con su tono característico, directo y contundente, el periodista aseguró que no se arrepiente de haber mostrado los materiales, ya que su intención fue “abrirle los ojos al país” sobre la gravedad de lo que está pasando con los jóvenes en los barrios.
Tolentino explicó que los videos no fueron difundidos con morbo ni sensacionalismo, sino como evidencia de una realidad que las autoridades han ignorado. “Yo no lo hice por rating. Lo hice porque si no lo mostraba, nadie iba a mover un dedo. Aquí solo se actúa cuando se viraliza algo”, expresó con firmeza.
La polémica entre ambos comunicadores ha dejado en evidencia una grieta dentro del periodismo dominicano. Por un lado, están quienes defienden la labor de Tolentino como una voz necesaria para denunciar la indiferencia estatal, y por otro, quienes creen que su método fue excesivo y puede tener consecuencias negativas para el menor involucrado.
En redes sociales, las opiniones están divididas. Algunos usuarios escribieron:
“Ramón hizo lo correcto. Si no mostraba eso, nadie lo iba a creer.”
“El otro comunicador tiene razón. Los códigos están para respetarse, y los niños deben ser protegidos.”
“Los dos tienen su parte de verdad: hay que denunciar, pero también hay que cuidar.”
Más allá del debate, lo cierto es que el caso de El Diablón se ha convertido en un espejo del problema de la delincuencia infantil y el abandono institucional en República Dominicana. Lo que comenzó como una simple denuncia hoy es una conversación nacional sobre ética, periodismo y responsabilidad social.
Analistas explican que el conflicto entre ambos comunicadores pone en evidencia la tensión entre el deber de informar y el deber de proteger. En un país donde los temas de violencia juvenil crecen día a día, los medios juegan un papel crucial: visibilizar los hechos sin vulnerar derechos.
Ramón Tolentino, fiel a su estilo, sostuvo que no se retractará. “Yo respeto los códigos, pero respeto más mi conciencia. Si por callar se pierde una vida, prefiero hablar aunque me critiquen”, declaró en su programa, ganándose aplausos de su público.
El comunicador que lo cuestionó, en cambio, pidió que se inicie un proceso de reflexión entre periodistas, influencers y programas de opinión, para evitar que el deseo de viralidad supere la ética profesional. “El periodismo no puede convertirse en un tribunal. Denunciar sí, pero sin condenar públicamente a un niño”, puntualizó.
El tema escaló tanto que incluso organismos de protección infantil comenzaron a pronunciarse. Algunos expertos en comunicación recordaron que el Código del Menor Dominicano prohíbe la divulgación de imágenes que permitan identificar a menores involucrados en investigaciones o hechos delictivos. Sin embargo, también reconocieron que el caso ha logrado despertar conciencia sobre una situación que se estaba ignorando.
Lo cierto es que ambos comunicadores, desde posiciones distintas, han logrado lo que pocos consiguen: que el país hable de un tema importante. Mientras uno defiende la denuncia directa como arma de cambio, el otro recuerda que sin ética, la justicia se vuelve espectáculo.
La audiencia, como siempre, se dividió en bandos. Algunos defienden el coraje de Tolentino, considerándolo una figura que representa la voz del pueblo cansado de la impunidad. Otros, más cautos, creen que la verdad también debe contarse con límites y que los medios deben ser parte de la solución, no del conflicto.
Al cierre de su programa, Ramón Tolentino dejó un mensaje que resume su posición:
“No me arrepiento. Prefiero recibir críticas por hacer algo que quedarme callado viendo cómo los niños se pierden en las calles.”
💬 ¿Y tú qué opinas? ¿Crees que Ramón Tolentino hizo lo correcto al publicar las imágenes para exigir justicia, o cruzó la línea de los códigos periodísticos? Déjalo en los comentarios y comparte esta historia para que más personas reflexionen sobre el papel de los medios en la sociedad dominicana. 🇩🇴🗞️






























