“Solo quería justicia para mi hija…”
Así, con la voz quebrada y el alma hecha pedazos, un padre terminó desplomándose en llanto en los pasillos del Palacio de Justicia de Sánchez Ramírez. Era el llanto más duro que puede emitir un ser humano: el llanto de un padre que lleva meses caminando entre dolor, desesperación y esperanza, esperando una sola palabra del juez.
Esa palabra que finalmente llegó este lunes: culpable.
La sala estaba llena. Familiares, amigos, vecinos, curiosos, todos esperando. Un silencio extraño, cargado de tensión, se sentía en el aire cuando el tribunal Colegiado de Sánchez Ramírez anunció la condena:
30 años de prisión para Ammy Hiraldo Peña, responsable del asesinato de Yennely Andreyna Duarte, un crimen que estremeció a Cotuí en marzo del 2024.
Y justo en ese momento, cuando la jueza terminó de leer la sentencia, el padre de Yennely no pudo más. Se cubrió el rostro, se inclinó hacia adelante y dejó que el dolor acumulado durante meses se derramara en lágrimas. No fueron lágrimas de celebración… fueron lágrimas de justicia tardía, pero finalmente alcanzada.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
El caso que mantuvo en vilo a toda una comunidad
Lo ocurrido con Yennely Duarte no fue un hecho más. No fue una noticia pasajera. Fue un crimen cruel que provocó indignación en Cotuí y que desató marchas, vigilias, encendidos de velas y protestas frente al Palacio de Justicia.
Durante meses, la familia lloró, la comunidad habló, y la justicia… se retrasó entre reenvíos, aplazamientos y procesos que parecían interminables.
Pero la familia nunca se rindió.
No se cansaron.
No se callaron.
Madres, tíos, hermanos, vecinos… todos se mantenían firmes frente al tribunal, día tras día, con fotos de Yennely en las manos y con una sola consigna:
“Que se haga justicia.”
Y aunque hubo momentos en los que parecía que el caso se estancaría, hoy la historia tomó un nuevo rumbo.
La decisión final del tribunal
El fallo vino después de un proceso complejo, donde el Ministerio Público, representado por los magistrados Tiburcio Gómez y Francis Valerio, presentó las pruebas que demostraron la responsabilidad de Ammy Hiraldo Peña en el asesinato.
Todo apuntaba a ella.
Las investigaciones eran claras.
Y aunque la defensa intentó en varias ocasiones retrasar el juicio, las evidencias terminaron hablando más alto que cualquier argumento.
Cuando el juez pronunció la sentencia de 30 años, muchos de los presentes asintieron con la cabeza. Otros lloraron. Otros se abrazaron.
Y unos cuantos, que habían seguido el caso desde el primer día, comentaron entre sí:
“Ya era hora.”
“Eso era lo que se estaba esperando.”
“La familia por fin podrá dormir.”
Pero, ¿se puede realmente dormir después de perder a un hijo?
Tal vez no.
Pero al menos, hoy, pueden sentir que la justicia dio un paso importante.
El impacto emocional del padre
El video del padre llorando, gritando por su hija, pidiendo fuerza, corrió como pólvora por las redes. No era solo un hombre triste. Era un padre que llevaba un año con una herida que no cerraba.
Y su llanto no fue un llanto cualquiera.
Fue un llanto lleno de recuerdos:
La niñez de su hija.
Sus sueños.
Sus risas.
Su futuro truncado.
Cuando lo escucharon decir entre lágrimas:
“Yo solo quería justicia para mi hija…”
el corazón de todo el que estaba ahí se apretó.
No hay dolor más profundo que ese.
No existe sentencia que devuelva lo perdido.
Pero ese padre pudo salir del tribunal diciendo:
“Por fin hicieron lo correcto.”
Y eso, al menos, le da un poco de paz.
La reacción del pueblo de Cotuí
Las calles, los grupos de WhatsApp, Facebook, Instagram, todo está lleno de comentarios.
Muchos consideran que la justicia actuó correctamente.
Otros dicen que 30 años aún es poco para la magnitud del crimen.
Pero la mayoría coincide en algo:
La lucha insistente de la familia fue clave para lograr esta condena.
Porque cuando una comunidad se une, cuando una familia no se rinde, cuando la gente se levanta y exige, la justicia se ve obligada a escuchar.
Y eso fue exactamente lo que pasó en este caso.
¿Qué sigue ahora?
La condena de 30 años es solo el inicio del cierre de un capítulo doloroso.
La familia de Yennely todavía enfrenta un largo camino de recuperación emocional.
Pero ahora lo harán con la tranquilidad de saber que quien le quitó la vida está tras las rejas.
Además, este caso deja una reflexión para todo el país:
no importa cuántos reenvíos, aplazamientos o trabas aparezcan… la voz de una familia que exige justicia no se puede callar.
Y tú, que estás leyendo esta historia…
¿Crees que la sentencia fue justa?
¿Piensas que deberían ser más años?
¿O te parece que la justicia dominicana actuó a tiempo?
Comenta tu opinión porque este caso ha tocado el corazón de miles de dominicanos, dentro y fuera del país.




























