¿Tienes una sartén vieja, toda quemada, arrumbada en la alacena? Antes de tirarla, déjame decirte algo: todavía puedes salvarla. Con un par de ingredientes que seguro ya tienes en casa, es posible dejarla casi como nueva. Y lo mejor: sin usar químicos caros ni frotar como loco.
Bicarbonato con vinagre: la dupla infalible
Este truco es de los más conocidos (y por algo será): bicarbonato de sodio y vinagre blanco. El primero afloja la suciedad más pegada, y el segundo corta la grasa y quita el mal olor.

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¿Cómo se hace?
Cubre la parte quemada con bicarbonato, sin miedo.
Vierte vinagre blanco encima y deja que burbujee. Eso es buena señal.
Espera unos 15 a 20 minutos para que haga su magia.
Con una esponja o cepillo (no metálico si es antiadherente), empieza a frotar.
Enjuaga con agua tibia. Si aún queda suciedad, repite.

¿Sin vinagre? Usa sal y limón
Si no te gusta el olor a vinagre o prefieres algo más fresco, prueba con sal gruesa y limón.
Parte un limón a la mitad, espolvorea sal en la zona quemada y usa el mismo limón como si fuera esponja.
Este método es ideal para sartenes de acero o hierro. Deja un aroma riquísimo y limpia bastante bien.

Un par de consejos extra
Si tu sartén tiene capa antiadherente, olvídate del estropajo metálico. Solo la rayas más.
¿Muy dañada? Llena la sartén con agua y un chorro de vinagre, ponla a hervir unos 10 minutos. Luego aplica el bicarbonato.
Sécala muy bien al final, sobre todo si es de hierro. Así evitas que se oxide.

Dale otra oportunidad a tu sartén
Con estos trucos caseros, muchas sartenes que parecían perdidas pueden volver a la vida. Ahorras dinero, reduces basura y cuidas el planeta. No hace falta correr a comprar una nueva cada vez que algo se mancha.
Solo necesitas unos minutos, un poco de paciencia y lo que ya tienes en casa. Y quién sabe, tal vez tu sartén favorita vuelva a ser la estrella de la cocina.





























