Voy a perder este dedo por no cuidarme de la diabetes: una dura lección de vida

La diabetes es una enfermedad silenciosa que, cuando no se controla, puede tener consecuencias muy serias. Muchos piensan que lo peor de esta condición es el exceso de azúcar en la sangre, pero en realidad el problema va mucho más allá. El azúcar elevado, con el paso del tiempo, daña órganos, nervios y vasos sanguíneos, afectando poco a poco la calidad de vida. Y uno de los ejemplos más duros es cuando un paciente enfrenta la posibilidad de perder un dedo, un pie o incluso una pierna por no haber tenido los cuidados necesarios.

No se trata de asustar, sino de hablar claro: la diabetes no controlada puede generar heridas que tardan en sanar, infecciones difíciles de tratar y complicaciones que obligan a tomar decisiones extremas. Escuchar a alguien decir “voy a perder este dedo por no cuidarme” no es solo una confesión, es un llamado de alerta para todos los que vivimos con esta condición o conocemos a alguien que la padece.

📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.

El impacto en los pies y las manos
Las extremidades, sobre todo los pies, son una de las zonas más vulnerables cuando hablamos de diabetes. El exceso de azúcar en la sangre puede dañar los nervios, provocando lo que se conoce como neuropatía diabética. Esto hace que la persona pierda sensibilidad: una pequeña herida o cortada puede pasar desapercibida y, al no ser tratada, convertirse en una infección grave. Además, la circulación también se ve comprometida, lo que dificulta que esas heridas sanen de manera adecuada.

El descuido cotidiano que cuesta caro
A veces creemos que no pasa nada si dejamos de tomar la pastilla, si no seguimos la dieta, o si “un dulce no me va a hacer daño”. Pero la realidad es que cada descuido se acumula. El cuerpo va guardando factura y un día, de repente, la situación explota. Ese dedo que empezó con un simple enrojecimiento o una pequeña ampolla puede terminar en gangrena si no se actúa a tiempo. Y lo más duro es que, en muchos casos, la amputación no solo es dolorosa, también cambia por completo la forma de vivir.

La importancia de la prevención diaria
La buena noticia es que mucho de esto se puede evitar con cuidados básicos, aunque requieren disciplina. Revisarse los pies todos los días, usar zapatos cómodos, mantener la piel limpia e hidratada, evitar caminar descalzo y acudir al médico ante cualquier herida son pasos fundamentales. También lo es mantener la glucosa bajo control, seguir la alimentación indicada y no abandonar el tratamiento. Puede sonar rutinario, pero esas pequeñas acciones son las que marcan la diferencia entre conservar la salud o enfrentar una amputación.

Más que un problema físico, un golpe emocional
Perder un dedo o cualquier parte del cuerpo es un impacto enorme en la autoestima y en la vida cotidiana. La persona no solo enfrenta dolor físico, también un proceso emocional complicado. Adaptarse a los cambios, aceptar la nueva realidad y superar la culpa o la frustración no es fácil. Por eso, el apoyo de la familia, los amigos y, si es necesario, de un psicólogo, es tan importante como el tratamiento médico.

Un mensaje para todos
Cuando alguien dice “voy a perder este dedo por no cuidarme”, en realidad está compartiendo una lección que vale oro: la diabetes no es un juego. No basta con tomar pastillas de vez en cuando, tampoco con ir al médico solo cuando hay dolor. Se trata de un compromiso diario, de entender que cada decisión cuenta. Prevenir siempre será más fácil y menos doloroso que tratar una complicación grave.


La historia de quienes pierden un dedo o un pie por la diabetes debería motivarnos a cuidar más nuestra salud. Al final, la disciplina de hoy es la libertad de mañana: la libertad de caminar, de movernos sin dolor y de seguir disfrutando de la vida con plenitud.

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